Aunque la forma en la que se expone una colección de arte o patrimonio dentro de un espacio es el que marca la experiencia del público, y lo ideal es que sus responsables mimen cada detalle para hacer de ella  lo más rico desde el punto de vista estético y didáctico, para los expertos es tanto o más importante las condiciones de preservación que se dan en el espacio donde se exponen o donde se conservan esas piezas.

Esa es una de las razones de ser del Curso de Conservación Preventiva que se lleva a cabo en la Fundación Santa María de Albarracín. El viernes concluyó una nueva edición que por séptimo año consecutivo ha dirigido Teresa Gil, arquitecta y conservadora segoviana.

Los diez alumnos con los que ha contado este año el formación de dos semanas -la totalidad del cupo previsto-, han realizado cuatro ejercicios teóricos y prácticos que tienen que ver con la actualización del Plan de Conservación Preventiva de la Fundación Santa María de Albarracín, un documento marco que establece las prioridades y los principios de trabajo en cuanto a la conservación y restauración de toda la colección patrimonial, y que anualmente se revisa y actualiza para mantener su vigencia.

Ejercicios

Uno de los ejercicios en los que se enfoca el curso es la redacción de un Plan de Conservación Preventiva, desarrollando las diferentes fases previas a su puesta en marcha. “Este año nos hemos centrado en un análisis de significancia”, explica Teresa Gil, la directora del curso. “Eso significa conocer el valor de cada pieza patrimonial y ver qué prioridad tiene que tener a la hora de implementar medidas de restauración o conservación”.

Otro de los ejercicios formativos que se han llevado a cabo durante estas dos semanas del curso ha sido analizar las condiciones ambientales que rodean las piezas expuestas. En concreto se estudiaron la iluminación de los tapices expuestos en dos de las salas del Museo Diocesano de Albarracín. “Hemos observado que esa iluminación está cuidada, pero en algunos casos descompensada entre varias piezas, por lo que hemos realizado diferentes sugerencias de cómo se puede mejorar”. Según la segoviana, “incluso en los casos en los que el sistema expositivo está bien trabajado, siempre puede mejorarse y adecuarse aún más a las exigencias de conservación”, para que la propia exposición no dañe o dañe lo mínimo posible la integridad de cada bien.

Los conservadores miden y analizan la iluminación de algunos de los tapices expuestos en el Museo Diocesano

Áreas de Almacén

Además los alumnos del curso también han analizado la parte de las colecciones de piezas que gestiona la Fundación Santa María destinadas a exponerse en la Sala Capitular y en otros espacios que están en uso, como la sacristía de la catedral. “En este último caso es interesante que haya piezas que se conserven o se expongan en su espacio de original, pero como no todo está en uso se requiere una revisión de las cajoneras y los espacios donde se conservan esas piezas, para que su conservación sea óptima y no sufran pliegues o deformaciones, por ejemplo”, explica Gil. En general todos los espacios que van a alojar bienes, ya sea para su exposición o para su conservación, necesitan un análisis exhaustivo “para determinar que los espacios, disposición de los bienes, equipamientos o formas de empaquetado son los adecuados para su correcta conservación”.

Aunque los factores más conocidos que pueden perjudicar más rápidamente el buen estado de un bien patrimonial son los ambientales, en especial la temperatura y humedad relativa a la que la pieza es sometida, no son ni los únicos ni, en el caso de la Catedral o el Museo Diocesano de Albarracín preocupan más. “En nuestro caso hemos comprobado que parámetros como la temperatura o la humedad no son especialmente peligrosos en el caso de los bienes que gestiona la Fundación Santa María de Albarracín, aunque quizá elementos concretos, como los objetos de plata, requieren unas condiciones algo diferentes y trabajamos en cómo conseguirlas con los recursos disponibles”.

Parámetros

“Pero hay otras cuestiones y parámetros que pueden afectar a la conservación apropiada de determinadas piezas de arte y patrimonio, desde la iluminación hasta las condiciones de determinados modelos expositivos -es decir, cómo se expone determinada obra- que pueden perjudicar su estado”. Según Teresa Gil, “son pequeños factores sin excesivo calado por sí mismos, pero que tienen efecto acumulativo entre ellos y que, por tanto, a medio plazo pueden ocasionar daños si no se tienen en cuenta”.

Aunque durante el Curso de Conservación Preventiva se trabajan las bases del Plan de Conservación Preventiva con el que tiene que contar una entidad expositiva de forma integral, se trabaja sobre el que ya se ha elaborado para la Fundación Santa María. De ese modo la actividad del curso redunda en beneficio de la Fundación y tiene una traslación práctica más evidente, al tiempo que contribuyen a actualizar el documento sobre el que se actúa. “No cabe hablar de que ese documento se termina de redactar y ya está… se revisa cada año, o cada periodo de tiempo estipulado, y siempre es susceptible de completar, mejorar o actualizar”.

Noticia Diario de Teruel